41 años | Christchurch, Nueva Zelanda | Desarrollador de software y fotógrafo

Soy de Christchurch, Nueva Zelanda. Me mudé a Chile después del terremoto de 2011 que destruyó una gran parte de mi ciudad, incluso los edificios emblemáticos quedaron devastados, era difícil vivir allá y estaba claro que las restauraciones tomarían años y años. Sin embargo, creo que es un poco irónico haber venido a Chile que también había sufrido un gran terremoto en 2010.

Después de lo ocurrido tuve la suerte fijarme en un anuncio en la web que hablaba de StartUp Chile, un programa gubernamental que en aquel momento entregaba 40.000 dólares y una visa a los emprendedores. Todo sucedió muy rápido: envié la solicitud, me aceptaron y en un mes ya estaba empacando para irme a Chile. Era un momento loco, mi vida iba en una dirección completamente diferente a la que había pensado. Dejé mi trabajo en Nueva Zelanda para unirme al programa, vine por seis meses pensando que regresaría a casa, pero me quedé en Santiago.

Mi proyecto para StartUp Chile comenzó con un post que había puesto en mi propio blog en 2003 y finalmente decidí crear un servicio que permitiera rastrear objetivos, la idea era elaborar una lista de 101 cosas para armarlas en 1001 días. Es un concepto bastante sencillo y creo que a la gente le gusta que lo planeado para toda su vida se convierta en lo que definitivamente va a hacer en los próximos 2 años y medio. Actualmente tengo más de 100.000 usuarios de todo el mundo, soy la única persona que trabaja en el proyecto, entonces tengo que construirlo, mantenerlo y hacer todo el soporte, pero me resulta bien. Además, tengo un cliente en Nueva Zelanda a quien le desarrollo software por 40 horas al mes aproximadamente y el resto del tiempo lo dedico a mis propios proyectos, viajo y tomo fotos.

He pasado como 7 años en el continente entre los cuales 4 años y medio han sido en Chile. Puedo vivir en cualquier lado, pero básicamente paso una mitad del año en Perú y otra mitad en Chile. Siento que Santiago ya es mi hogar, me gusta sentir su ritmo, creo que lo conozco mejor que la ciudad donde que crecí, me encanta estar aquí en el invierno, es la hora de no salir, concentrarme y hacer mi trabajo. Creo que es una buena base para mí, que me gusta viajar por Sudamérica y también me da la posibilidad vivir continuamente con la visa turística, además los chilenos en general son amigables, divertidos y tienen un buen sentido del humor, son mi tipo de gente.

Ya conocí el país antes de acceder al programa cuando viajé por Sudamérica por unos cuatro meses en 2007. La verdad Chile resultó mi país menos favorito de todo el continente y ahora creo que es el tercero o el segundo para mí en todo el mundo, pero diez años atrás Santiago era otro lugar. En aquel entonces la gente te miraba fijamente en la calle como si nunca antes hubiera visto a un extranjero, algunos se detenían y te daban la bienvenida, el sector de Bellavista ni siquiera lo reconocerías. Es difícil creerlo porque se ha vuelto tan multicultural y por lo que veo todo cambia para bien, la fusión de las culturas siempre ha sido una gran ventaja para cualquier ciudad porque la gente está expuesta a las nuevas ideas. Incluso ahora cuando vuelvo a Santiago después de seis meses, noto cosas nuevas todo el tiempo mientras que Lima no cambia tanto.

Me pregunto si Santiago cambiará tanto en los próximos diez años como se ha transformado en los últimos diez, ¿cómo serán la ciudad y su gente?

Me sumé a StartUp Chile en 2011, en la época de las protestas estudiantiles y de repente me di cuenta de cómo se ha dividido políticamente todo, como si hubiera solo blanco y negro con muy pocas personas en el medio. Creo que esta división forma una gran parte de la vida de los chilenos, incluso inconscientemente afecta las decisiones que toman, adónde van y cómo se socializan. Era extraño ver la cuidad tan dividida por clases, nunca he visto eso en mi país, pero aquí el contraste entre los ricos y los pobres está justo frente a tus ojos.

No quiero cambiar la cultura chilena, pero supongo que sería bueno si Chile adoptara algo de la racionalidad de los neozelandeses, no somos tan emocionales, no protestamos hasta el punto en que se use el gas lacrimógeno. Los chilenos no son violentos, sino muy apasionados y a veces terminan el discurso discutiendo, sin escuchar, y luego actúan sin haber comprendido. Por ejemplo, una vez ​​viví al lado del Ministerio de Salud y casi todos los días había personas afuera, soplando silbatos y golpeando ollas y sartenes. Tal vez funcionara, pero daba resultado en un 5%, el otro 95% de la energía pudo haberse canalizado en acuerdos entre las partes y resolver el problema por medios diferentes, en verdad se dispersó en vano. Las marchas estudiantiles tuvieron efecto, pero el daño causado dio como resultado una batalla sin ganadores, todos perdieron.

Simplemente pienso en las 100.000 personas en una marcha, ¿cuál sería la mejor forma de involucrarlas para generar los cambios tan deseados?

He conocido básicamente todas las partes del país desde arriba hacia abajo salvo la Isla de Pascua. Chile es muy diverso, el sur se parece mucho a Nueva Zelanda, el norte es interesante, pero prefiero partes más verdes. Puerto Varas, Chiloé y Pucón son realmente hermosos, los visité muchas veces y siempre busco volver. En Santiago me gusta cualquier lugar menos la Providencia, me parece aburrida y los fines de semana está prácticamente muerta. He vivido en Bellas Artes, Bellavista, barrio Italia y ahora me quedo en barrio Brasil, siento que estos son mis lugares.

Creo que en general Chile tiene una cultura más interesante que la de Nueva Zelanda, que ha llevado una historia típica de una colonia inglesa. Por ejemplo, aquí tomo muchas fotos en festivales y carnavales y en Nueva Zelanda este tipo de cosas nunca sucedería, allí jamás verás un evento con 10.000 bailarines folclóricos. Creo que es algo que debería ser más apreciado porque refleja una cultura vibrante que hace de Chile un lugar interesante para visitar y para vivir.

Tuve muchas primeras experiencias en Chile, tomé papel en mi primera película, recibí mi primer gas lacrimógeno, tuve la peor resaca en mi vida después de los cinco terremotos en La Piojera [riendo]. Sin embargo, la experiencia más extravagante se debe a la portada de Las Últimas Noticias. Una vez tomé fotos de una mujer policía, ella usaba mucho maquillaje y los labios rojos en las protestas, noté ese contraste y la puse en Facebook. En una semana recibí una llamada de un periodista, me hizo una entrevista telefónica y en la mañana siguiente, cuando estaba viajando en el autobús, me llamaron de un canal de televisión. Estaban tan apresurados para salir con la historia lo más pronto posible que finalmente me grabaron los dos equipos televisivos en una pequeña ciudad donde el autobús se detuvo por cinco minutos para recoger a la gente. Fui el último en volver al autobús y todo el mundo me miró como ¿quién es este tipo? Falto decir que luego al autobús se subió un vendedor de periódicos y esa fue la primera vez que vi esa portada. Luego fui reconocido por la policía y la gente común, ¡fue en 2012 y todavía cuando conozco personas nuevas algunas se acuerdan de eso!

Acabo de regresar de Guatemala donde viví dos meses con una familia y hablamos español el 100% del tiempo, tomaba clases todos los días y me otorgaron un certificado de nivel avanzado. Suena bien, pero la realidad es que trabajo en inglés y la mayoría de mis amigos hablan inglés, además, Chile es el peor lugar para practicar el idioma. Me acuerdo que una vez al regresar a Santiago pedí un taxi del aeropuerto y el conductor me envió un mensaje que decía BOY A BUCATE y yo pensé: ¿Qué es esto? Evidentemente era VOY A BUSCARTE en la jerga chilena, pues de repente me di cuenta de que estaba de vuelta para otros seis meses más de esto, pero cuando regreso a Lima los vuelvo a entender a todos [riendo].

Sin embargo, yo mismo uso las palabras como weón, bacán, cachai porque sin ellas no suenas natural, entonces es ¿cómo estai? en vez de un muy formal ¿cómo estás?

Probé toda la comida chilena tradicional, pero lo que come la gente a diario no es sabroso ni saludable, a lo mejor es reconfortante. Bueno, cada vez que regreso a Chile me como un lomito italiano, pero generalmente prefiero comida peruana que está en todas partes de Santiago. Sin embargo, uno no viene a Chile por la comida, sino va a Perú, ¿cierto? Efectivamente en Lima hacen increíbles sanguches como chicharrón con camote, cebolla y la salsa criolla… En Chile me gustan las bebidas como piscola y terremoto, las veo como parte de la cultura. ¡Me encantan las fondas! Incluso si la carne es apenas masticable y parece de la peor calidad que puedas obtener, se trata de ver a los huasos y bailar cueca y al final del día no recuerdas la comida, a excepción de la carne que se atasca en los dientes [riendo].

Traería a Chile de Nueva Zelanda algunos buenos fish-n-chips, ¡eso sería genial! Yo sé que es un gran cliché de un neozelandés a quien le gustan los fish-n-chips, pero efectivamente los echo de menos. Es lo mismo como que hay muchos chilenos en Nueva Zelanda que extrañan marraquetas y empanadas de pino, aunque los neozelandeses tenemos un pan increíble. Así es, uno extraña estas cosas, aunque sean simples.

Creo que soy afortunado de gozar otra vida aquí, es totalmente diferente de la que vivía en mi país donde tenía un típico trabajo de nueve a cinco mientras que Chile me da la confianza para vivir como me gusta y dedicarme a lo que quiera. Para el futuro me encantaría seguir viajando por Sudamérica, pero estoy abierto a cualquier posibilidad y si pudiera dirigirme a todos los chilenos, les diría gracias por aceptarme en su país y por todos los buenos momentos, todo ha sido muy bacán.

Estás leyendo El Grano, una revista digital sobre Chile actual, su gente y su imagen en el mundo hecha por un equipo internacional. Con eso queremos poner nuestro grano de arena en el desarrollo del país que queremos.

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