Antes de viajar trabajé en distintas áreas por 10 años, mi último trabajo fue como ejecutiva de ventas de resinas plásticas para una empresa multinacional, donde estuve por 5 años. Me encantaba lo que hacía, pero empecé a notar que ya no disfrutaba tanto mi trabajo como antes, ni donde estaba en mi vida (mis amigas casándose o teniendo hijos, y yo no). Me entró el bichito de “¿qué quiero hacer de mi vida?” y no tenía idea, me empecé a replantear todo y fue ahí cuando decidí hacer una pausa e irme a viajar. Esto coincidió con mi cumpleaños número 30, una especie de crisis de los 30 yo creo.

Mi familia es maravillosa, y se alegraron un montón por la decisión que estaba tomando. Sabían que aun cuando íbamos a estar separados por un tiempo indefinido, era algo que tenía que hacer y que me iba a hacer feliz. Lo más difícil fue contar la decisión en mi oficina, a mi jefa, porque durante los cinco años que estuve ahí ella fue quien más creyó en mí y me ayudó a crecer como persona y como profesional, lloramos juntas me acuerdo, entre pena y felicidad.

Soy muy afortunada de haber podido viajar mucho, por placer y por trabajo. Antes del gran viaje ya había visitado más de 20 países alrededor del mundo. Debido a mi trabajo como ejecutiva de ventas tenía un bono por ventas que fue bastante generoso, vendí mi auto también y desde que decidí que me iría a viajar, unos 9 meses ahorré mes a mes lo que podía. Partí con bastante dinero la verdad, más que suficiente para un año sabático. Ya llevo más de 15 meses viajando.

Soy una organizadora innata, pero decidí no planear una ruta e ir viendo en el camino que pasaba y donde me llevaba el destino. Primero llegué a Sídney porque ahí tenía una amiga, a mi parecer era la mejor transición para dejar a mi familia, ya conocía el lugar al que iba, así que no fue para nada un choque. Estimé que viajaría más o menos un año, primero Australia, luego Nueva Zelanda y después el Sudeste Asiático, pero sin una ruta clara ni un tiempo estimado en cada lugar. Me alegro haber hecho eso porque desde que subí al avión todo ha ido cambiando sobre la marcha. Es más caro viajar así, porque uno compra pasajes a última hora, pero da la libertad de ir a cualquier lugar en cualquier momento.

¿Qué país me gustó más y qué me gustó menos a lo largo del viaje? Esta es una pregunta que todo el mundo te hace, pero que es muy difícil de responder porque cada lugar tiene su encanto. La sensación que te deja el país depende de la gente que conoces. Si tuviese que elegir el lugar que menos me gustó creo que tendría que elegir Laos, aunque sólo estuve en la ciudad de Luang Prabang, me pareció que la gente no era tan amable como en los otros países, un tanto estresados y siempre intentando estafarte. Hay miles de factores que influyen en la visión que deja un lugar. No tuve experiencias duras, cada una siempre la recibí con brazos abiertos y como una oportunidad de crecer.

Yo nunca había estado antes en el Sudeste Asiático, y me encantó por lo diferente que es con relaciona a Chile y a todo lo que había conocido. Con su caos y locura, las reglas del tránsito son inexistentes allá, los modales completamente distintos, es un lugar al que ojalá toda persona tenga la posibilidad de conocer al menos una vez en la vida. Quizás lo más chocante es en el Sudeste donde escuchas en las calles a la gente escupiendo sin descaro, ¡que más que chocante es asqueroso! O el tráfico en las calles de Hanói en Vietnam, donde cruzar las calles es toda una odisea, y hay que cerrar los ojos no más y encomendarse a Dios para llegar al otro lado de la calle.

En el Sudeste son ridículos los precios que uno puede conseguir, nunca opté por el más barato, porque para mí la limpieza es primordial. Como viajo sola, lo más económico son dormitorios compartidos en hostales, donde llegué a pagar $4.000 la noche con desayuno incluido en Vietnam, Además, ¡nada se compara a la cocina asiática! Los currys (aunque originalmente son de India) son mis favoritos, llenos de sabores, especias y hierbas. Uno de mis favoritos es el “Green Tuna Curry” que comí incansablemente en Bali. ¡De recordarlo se me hace agua la boca!

No tenía sueños específicos antes del viaje, sino ilusiones o fantasías de cómo sería. Pero ni en el mejor de los sueños habría podido imaginar todo lo que he vivido.

Buceé por primera vez y en la Gran Barrera de Corales en Australia, manejé un 4×4 en la isla de arena más grande del mundo. Cumplí un sueño al ir a la final de tenis en Melbourne y encontré al día siguiente con Roger Federer en un parque. Lo similar que es Nueva Zelanda al sur de Chile. Las aguas cristalinas y playas de arena blanca de Tailandia. Amaneceres y puestas de sol deslumbrantes. En el Sudeste, el choque cultural es heavy, especialmente en países musulmanes como Malasia. Bali siempre va a tener un lugar muy especial en mi corazón, es mágico estar ahí, es según yo, el único lugar en el que todos los viajeros coinciden que hay que ir. Los templos en Myanmar, el festival de luces de Chiang Mai, los campos de arroz, ser invitada a un matrimonio balinés, el trekking de tres días en Myanmar durmiendo en aldeas, ver la procesión de las almas que hacen los monjes budistas en Luang Prabang cada mañana, ¡no sé, todo es intenso porque todo es nuevo, diferente, especial!

Creo que la experiencia más enriquecedora fue el retiro de yoga y meditación que hice en Tailandia. Todo lo que aprendí en esa semana cimentó el camino que seguí después, empecé a entender mucho de mí, de quien era yo, de qué quería hacer. La meditación fue clave, casi adictiva, después de eso empecé a meditar diariamente, y lo sigo haciendo. Esa es mi terapia, mi medicina. Me siento plenamente feliz y libre viviendo sencillamente, sin lujos, con la ropa que cabe en mi mochila y sin ni mucho a mi alrededor. Estoy haciendo lo que quiero para mí y no para complacer a nadie más.

He aprendido muchísimo, de todo, de geografía (antes no podría señalar Malasia en el mapa, por ejemplo), de religiones, de la vida, y especialmente de mí. Se me abrió la mente y un mundo de posibilidades haciendo conexiones con personas de todas las edades, religiones, razas, etc. Aprendí a no juzgar, a ser más tolerante y a quererme tal como soy. Creo que este viaje se ha encargado de mostrarme un lado mío que no conocía, mas aventurero, más valiente que ha podido dejar todo lo familiar de Chile por viajar a lo desconocido.

Además de los abrazos de mi familia de Chile me hacen falta… la palta, hablar en chileno, mi perro, jugar mi deporte favorito que es hockey y el 18 de Septiembre.

No he sentido deseo de terminar el viaje y regresar a casa por el momento, creo que por ahora Chile será mi país natal al que iré de visita, pero quien sabe, quizás la vida me tiene otro plan.

Ahora reconozco que es súper fácil criticar Chile cuando uno está en él y ve todas las maravillas que los países desarrollados ofrecen, pero después cuando uno vive en un país desarrollado (como Australia donde estuve 5 meses) te das cuenta que tienen los mismos problemas, tacos y colapsos en el metro en horas punta, huelgas y demás. Quizás lo que podrían adoptar los santiaguinos sería la amabilidad de cada país, donde fui siempre recibida con cariño, con preguntas de mí, de mi país y nunca mirada como una inmigrante más que se quiere quedar. Son mucho más pacientes y tolerantes.

Creo que la mejor parte del viaje ha sido conocer a tantas mujeres viajando solas de todas partes del mundo, cada conexión te enriquece muchísimo y aprendes un montón de cada mujer empoderada. Te hace pensar en lo valientes que somos las mujeres, en todo este tiempo viajando conocí sólo un hombre que viajaba solo, todos los demás en grupo. En cambio, ¡mujeres solas por montón! Los encuentros más inesperados siempre fueron con las que andaban en mi misma sintonía, con las que haces clic instantáneamente. Incluso conocí a una amiga que llamaría alma gemela que cambió mis planes y con la que estoy viviendo ahora en Europa.

Actualmente estoy en Londres, hace poco viví en Bulgaria y recorrí en auto Serbia, Montenegro, Bosnia, Croacia, Albania y Macedonia y voy a volver a Bulgaria nuevamente. Hasta ahora sólo he viajado usando mis ahorros, pero ya estoy armando unos proyectos como una tienda online, postulando a algunos trabajos online y haciendo networking con los nómadas digitales.

Quien sabe qué voy a hacer en el futuro, he aprendido a no planear mucho porque la vida cambia en un segundo, he aprendido a fluir y dejarme llevar con aventuras de último minuto. Mis planes este año son publicar el libro que estoy escribiendo, las memorias de mi viaje, y hacer rentables mis proyectos para poder trabajar online y vivir donde sea. No quiero seguir moviéndome como lo hice el primer año, porque cansa, pero quiero tener un lugar base que sea mi hogar, donde pueda cocinar, tener un poco de rutina, y desde ahí moverme y conocer lo que me queda por conocer.

A los que quieran ir de viaje, pero aún no lo hayan hecho yo diría que lo hagan.

Es uno de los temas centrales de mi libro, atreverse, salir de la zona de confort, aunque tengan miedo, dar ese paso con miedo, ¡porque una vez que lo hagan se darán cuenta lo empoderado que es! Sé que no es para todos, hay personas a las que no les gusta moverse tanto, la incertidumbre, un lugar nuevo cada semana, pero si no lo intentan, ¿cómo lo sabrán?

Estás leyendo El Grano, una revista digital sobre Chile actual, su gente y su imagen en el mundo hecha por un equipo internacional. Con eso queremos poner nuestro grano de arena en el desarrollo del país que queremos.

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