Rusia puede parecer fría, lejana y poco entendible, pero resulta que algunos de sus habitantes tienen tanto que decir sobre Chile como si no se encontraran al otro lado del planeta. Preguntamos a los siete rusos de diferentes edades, ciudades y oficios sobre nuestro país. ¡Nadie pensaba que tendrían tantas palabras cálidas, asociaciones e historias!

 

Egor Nashilov

25 años, Moscú, editor del portal musical

Mi novia siempre ha hablado con admiración del jugador de fútbol Alexis Sánchez, me he convertido en fanático del “Arsenal” y nos fuimos a Kazán para hinchar por Chile. Al llegar vimos muchas personas sonrientes pintadas y vestidas de rojo, blanco y azul, nos acercamos al grupo más grande, ¡era una locura genuina! Ondeaban una enorme bandera chilena de más o menos 15 metros cuadrados, todos muy alegres, aplaudiendo, tocando los tambores y cantando sus canciones. Al final, llegamos a un café con estilo cubano, que se convirtió en el puesto avanzado de Chile por un día, allí nos pintaron banderas y nos enseñaron lemas en español. Los chilenos son bacanes, son hinchas muy activos y apasionados, especialmente en comparación con alemanes, se sienten su sano patriotismo y benignidad, en cuanto a mí esto es genial.

Cuando niño, Chile para mí era el país más inusual en el mapa del mundo, una salchicha estirada a lo largo de la costa occidental de América del Sur y ahora me imagino Andes, gente amable, valles verdes, mucho sol y el Pacífico. Técnicamente, “Despacito” no es de allí, pero la asociación también es muy persistente.

 

Ksenia Kukúshkina

14 años, Moscú, alumna

Cuando escucho hablar de Chile pienso en el ají rojo picante [Se llama chile en ruso como en muchos otros idiomas, – El Grano], en toros, el español, en Sudamérica y las montañas. Sé que toda la comida allá es muy picante, pero yo no la he probado nunca, de hecho, no tengo nada que me relacione con ese país, pero me imagino a Chile como un lugar cálido donde todas las personas son divertidas y bigotudas.

 

Iván Marénnikov

49 años, Vladivostok, emprendedor

Siberia, año 1980, yo tenía 12 años. Antes de los Juegos Olímpicos de verano en Moscú, en nuestra escuela se organizaba el festival de culturas, cada clase tenía que representar un país, a nosotros nos tocó Chile. Consideramos que debíamos usar algunos atuendos exóticos, recuerdo que una niña tenía un poncho, todos la envidiaban, pero los muchachos y yo no teníamos ponchos así que interpretamos nuestra parte vestidos con kimonos. A nuestro entender, estábamos bien chilenos.

En aquellos años también se hablaba mucho de política. Una vez en la plaza frente a la universidad hubo una manifestación a favor de Luis Corvalán. La mayoría de nosotros tenía una idea muy vaga de lo que estaba pasando en Chile, pero sí sabíamos que había un buen Corvalán y un mal Pinochet, y para apoyar a Corvalán juntaron pinos de 6 a 7 metros de altura, los rociaron con gasolina y provocaron una hoguera con una llama muy alta. Yo estaba en primera fila, recuerdo un calor muy intenso, luego arrastraron un mono gigante emulando a Pinochet, tenía puesto un sombrero de copa negro, o sea un capitalista capitalista. Fue arrojado al fuego y se inflamó vivamente ¡Así pues quemamos el monstruo del imperialismo!

 

Lydia Simankova

26 años, Khabarovsk, programadora

No me atrevo a llamarme conocedora del vino, pero sucedió que mi familia es adepta de los vinos chilenos. No hay una sola fiesta familiar que no falte la botella del tinto seco de la marca “Sol de Chile”. Es un poco astringente, yo elegiría vino blanco, pero esta es una tradición. ¡Ah, sí! En Chile, desde hace un par de años, vive una amiga que me ayuda a ampliar mi perspectiva geográfica, de lo contrario sólo podría conectarme con el país por las catas de vinos. Por lo que me cuenta sé que las temporadas del año en Chile son al revés de las rusas, hay muchos cotorros, la población local habla español y es muy amigable. Tengo el sueño de visitar Machu Picchu, cuando lo realice, sin duda iré a Perú pasando por Chile.

 

Yúliya Vasílieva

40 años, San Petersburgo, periodista

Estuve en Chile en 2017. El día antes de la partida vi un programa muy popular en Rusia sobre el turismo y en este caso hablaban de Chile, como era de esperarse fue la peor manera de obtener información sobre el país. ¡Me sorprendió cómo lograron presentar de una manera tan fea y aburrida un lugar tan fotogénico! De manera que las impresiones superaron todas las expectativas.

En general, creo que este es un país ideal para las vacaciones a corto plazo debido a la buena logística en un área bastante limitada, se puede obtener un máximo de diversas impresiones en poco tiempo. Para mí, biólogo por educación y turista extrema por vocación, esto es importante. ¿Qué probé en Chile? Bueno, los tomatitos, ¡y estuve encantada! También paseé por el Salar de Atacama, subí al volcán activo de una altura casi igual a la del monte Elbrús. Me bañé en aguas termales y en la corriente fría de Humboldt, me impresionaron los pelícanos, flamencos y perros callejeros, los más amigables de toda América Latina.

 

Zinaída Pozitívnaya

35 años, Rybinsk, artista libre

En general, tengo poco que decir sobre el país, son puras asociaciones, me imagino tierras cálidas bañadas por las aguas del Pacífico donde vive mucha gente de buen humor. Juegan a la pelota, beben alcohol con un poco de ají rojo y se abrazan mucho. Por alguna razón, me parece que a la gente local le gusta abrazarse. ¡Ah, también me vienen a la mente el fútbol y Marcelo Salas! Aparentemente, este tipo es una verdadera estrella, si incluso una persona tan lejana del fútbol, ​​como yo, puede nombrarlo. ¡Y además la famosa mundialmente Isla de Pascua! Ésta también es de Chile, ¿cierto?

 

Yuri Kombolin

74 años, San Petersburgo, profesor de la universidad

En 1971, cuando Salvador Allende resultó electo como presidente de Chile, apenas me gradué de la universidad, nosotros, jóvenes periodistas, lo vigilábamos a través de la prensa, nos preocupábamos por él, nos alegrábamos de sus éxitos, discutíamos y admirábamos su voluntad política. En la primavera de 1973 inesperadamente me invitaron a formar parte del primer grupo turístico soviético destinado a Chile. Era bien costoso, pero lo acepté, preparé los documentos y empecé a esperar. La fecha de la salida fue programada y pospuesta varias veces, mientras en Chile comenzaron los problemas. Me acuerdo de las publicaciones sobre las marchas de las cacerolas vacías, el golpe de Estado, la muerte de Allende, el empoderamiento de Pinochet y las terribles represiones. El asesinato del poeta y cantante Víctor Jara fue extremadamente impactante. Luego descubrí que mi compañero de la universidad en ese tiempo estaba trabajando en Chile como agente secreto y publicó una novela documental sobre lo que le había tocado vivir.

Adoro la poesía de Pablo Neruda, compré su primera colección de poemas en ruso en los 60. Hasta el día de hoy me encanta abrirla al azar y leer. Además, los impresionistas chilenos los encuentro como un fenómeno artístico notable. Me imagino que los chilenos de hoy son muy amantes de la libertad.

Estás leyendo El Grano, una revista digital sobre Chile actual, su gente y su imagen en el mundo hecha por un equipo internacional. Con eso queremos poner nuestro grano de arena en el desarrollo del país que queremos.

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