He vivido 57 meses de mi vida en la Antártica, ahora estoy aquí por cuarta vez. Como meteorólogo de la base mi trabajo consiste en apoyar con información meteorológica las operaciones aéreas, no solo las que van desde y hacia la pista del aeródromo, sino también en otros sectores del territorio antártico, además, debo entregar pronósticos para otras bases.

Vivo en la base Presidente Eduardo Frei Montalva, que se encuentra en un archipiélago antártico Shetland del Sur, su descubridor, un marinero inglés, encontró estas islas similares a las que están en el Mar del Norte, entre Escocia y Noruega, denominadas, precisamente, Shetland. Ese lugar luce como la tundra, es decir, un espacio que en verano pierde su cobertura de nieve, la cual se conserva en los glaciares presentes en el horizonte, además, la presencia de musgos y líquenes le da un carácter coloreado al suelo. En el invierno está todo blanco y colmado de nieve.

Lo primero que esperan las personas al venir aquí por primera vez es estar en medio del Polo Sur, de hecho, muchos utilizan como sinónimo de venir a la Antártica el venir al Polo. Sin embargo, la mayoría, por no decir la casi totalidad, de las bases de los diversos países que cuentan con presencia en la Antártica se encuentran en sus costas o incluso en islas adyacentes, o sea, el Polo mismo está muy lejos, a miles de kilómetros, y te encuentras o en una isla, o sobre mar congelado, o en la costa antártica. El interior del continente apenas podría ser parte de una visita breve en verano para unos muy pocos, entonces, la venida a una base antártica es más que nada una especie de acercamiento al borde del continente.

En general, tus desplazamientos más allá de la base son escasos. El entorno más importante para ti son tus colegas de trabajo, o sea, de ser una experiencia de vida de contacto con un continente misterioso se transforma en una experiencia psicológica, un “reality”. Todos deben tener capacidad para adaptarse al grupo que se constituirá en una especie de familia por el período en que se encuentren en la Antártica. Claro que existe un espíritu comunitario en relación a los demás integrantes de la misma base como también de otras bases cercanas. Tus vecinos podrían requerir de ayuda o asistencia en situaciones de diversa complejidad.

El número de residentes en las bases antárticas se incrementa de manera significativa durante el año. Se acostumbra decir que la población de toda la Antártica es de 1.500 personas en invierno, abril-noviembre, y de 5 mil personas en verano, diciembre-febrero. La verdad es que no sé cuán actualizada sea esa cifra, pero la proporción debería ser correcta, de 1 a 3. La cantidad real no debería pasar de unos pocos miles de personas en un territorio que alcanza 14 millones de km², algo intermedio entre la superficie de Rusia y China. Esa cifra más que duplica cuando se suma el mar que al congelar llega a un máximo de 18 millones de km².

El sector oriental de la Antártica forma parte de una gran meseta, que se eleva hasta poco más de 4 mil metros. En los valles de esas elevaciones se producen temperaturas que puede ser equivalentes a la superficie de Júpiter, o sea hasta casi -100°C. Sin embargo, como medición concreta el punto más frío se encuentra en la estación antártica rusa, Vostok, donde se midieron casi 90 grados bajo cero.

Prácticamente todas las bases antárticas están en los lugares menos inhóspitos del continente. Los valores de temperaturas en su entorno no resultan realmente muy bajos y varían entre 3°C y -25°C durante el año. Sin embargo, existe un factor que cambia la sensación de frío. El viento sumado a la temperatura genera un efecto de enfriamiento adicional. Por ejemplo, puede hacer -21°C, pero lo que siente la piel del rostro descubierto expuesto a viento intenso, pasa en muchísimas ocasiones el umbral de -40°C.

Antes de conocerse la Antártica el lugar más frío de la Tierra era Siberia. Sin embargo, creo que como experiencia para un ser humano los sectores poblados de Siberia y el Lejano Oriente ruso siguen siendo los lugares más fríos del planeta. Allí hay gente que realiza su vida de forma permanente, nace, estudia, va de compras, se casa, hace su vida cotidiana. La Antártica está prácticamente despoblada y nadie viene aquí más que por un período breve. No va de compras, no se casa, no tiene hijos… Si bien ha habido casos de matrimonios y de nacimientos en la Antártica se han producido en los lugares más templados y como acciones que, en menor o mayor grado, buscan provocar la atención de los medios de comunicación a la presencia de un país en el continente.

A la Antártida tú vienes no solo a trabajar, sino a vivir, por lo que la rutina rápidamente se hace cargo de tu tiempo. Se constituye en nada más que un marco dentro del cual se desenvuelve tu vida cotidiana. Aquí nosotros contamos con acceso a gimnasio e internet, aunque bien débil, junto con la presencia de bases de otros países en la cercanía, además, la misma estadía en el sexto continente te sirve de estímulo para conocer más de su historia. En ese sentido, es una oportunidad para saber mucho más de lo que sabe cualquier otra persona sobre este lugar y también para disfrutar a lo largo de todo el año de un gimnasio de buena calidad y de acceso gratuito. Los colegas de otras bases también te sirven de aliciente para aprender otro idioma, aunque sea de manera rudimentaria.

La responsabilidad del personal de las bases antárticas pasa siempre por los estados de cada país. Ellos son los que proveen, directamente o indirectamente, los recursos para las operaciones en todo sentido. En cuanto a las residencias otorgan suficiente comodidad para dormir y descansar, y no se diferencian de las situadas en algún otro lugar.

¿Cómo se diferencia la vida aquí de la vida urbana? Primero, en la Antártica tú nunca te separas del trabajo. Siempre estás viendo a las personas que trabajan contigo, por lo cual la noción de descanso o de vida privada tiende a desaparecer casi por completo. Segundo, la presencia de mujeres es, en general, minoritaria, o incluso nula salvo en bases de países desarrollados, donde incluso pueden tener la base a su cargo. Tercero, no existen acciones criminales ni delitos. Cuarto, tu única instancia para salir de la Antártica es, usualmente, el fin de tu destinación a este lugar. Y la diferencia número cinco, aunque de hecho la más obvia, es la ausencia de comercio. La cocina es labor de especialistas y dado la falta de tiendas en la Antártica la posición de cocinero significa tener prácticamente el monopolio de la comida por lo que las buenas relaciones con el cocinero son un imperativo.

Al mismo tiempo los riesgos de la vida son casi iguales a los que podrían existir en cualquier otro lugar donde no respetes ciertas normas mínimas. Uno podría pensar en el clima o los fuertes vientos que a veces soplan aquí, pero son riesgos controlados. Todos los residentes de las bases son seleccionados bajo criterios estrictos de salud física y psicológica que minimiza la posibilidad de conductas riesgosas y potenciales enfermedades. Además, las bajas temperaturas favorecen que el crecimiento de bacterias se ralentice y el entorno sea más “puro”. En cualquier caso, la base cuenta con personal médico e instalaciones correspondientes. También existen protocolos estrictos para los desplazamientos y un sinfín de actividades. Entonces, los riesgos me parecen incluso más bajos que vivir en la ciudad.

Creo que el evento más grave que puede ocurrir en Antártida es incendio y los integrantes de las bases deben saber manejarlo. Se considera así porque con el viento presente de manera frecuente en las costas antárticas, las bases arriesgan a que cualquier llama se transforme rápidamente en un incendio sin control.

Las actividades de preparación para salir a la Antártica implican sobre todo ir conociendo a esas personas con las cuales compartirás un año completo, recibir información general sobre el continente e ir aclimatándote con la nieve y el frío. También hay que realizarse una apendicetomía profiláctica, en palabras simples cortar el apéndice, aunque no todos los países que envían personal a sus bases antárticas lo requieren.

Nuestra base es en el lugar más cercano a otro continente de toda la Antártica. Esto ha favorecido no solo la presencia de muchas bases internacionales en las cercanías, sino también el paso de rutas de cruceros con turistas en verano, especialmente los ancianos. Ellos tal vez no tengan claro que su estado de salud no siempre es el más adecuado para visitar lugares tan apartados. En caso de un accidente o una enfermedad, tratarlos o evacuarlos será extremadamente caro y complejo por lo que podrían perder la vida o tener daños mucho más serios de los que tendrían más cercano a una ciudad.

Pronto se termina mi cuarta estadía aquí. ¿Quisiera volver? Es una respuesta que jamás se responde estando en la misma Antártica sobre todo en la víspera del regreso a casa. Por eso solo puedo decir “no sé”. He vivido casi 5 años de mi vida en territorio antártico pero cada vez que vienes aquí es, en gran medida, como la primera vez.

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